“Me creí que es posible el cambio social, que no son solo palabras lindas o una utopía”

Entrevista a Juan Martín Ezratty, director del documental “Trabajar para los demás”, que cuenta acerca de las iniciativas sociales impulsadas por Álvaro del Portillo en América Latina.

De Argentina
Opus Dei - “Me creí que es posible el cambio social, que no son solo palabras lindas o una utopía” Juan Martín Ezratty, junto con un miembro de su equipo, filmando en Guatemala.

Juan Martín Ezratty dirige la productora audiovisual Dígito Identidad Visual. Luego de un muy difundido documental sobre el Papa Francisco, este año realizó "Trabajar para los demás", centrado en la figura del beato Álvaro y las iniciativas sociales impulsadas por él en Latinoamérica.

¿Cómo surgió el proyecto de "Trabajar para los demás, con Álvaro del Portillo"?

Fue una idea de la Oficina de Comunicación del Opus Dei en la Argentina en torno a la beatificación de Álvaro del Portillo. La idea era mostrar qué generó Álvaro del Portillo en Latinoamérica. Desde la Oficina de Comunicación me dieron información sobre varias iniciativas, nos pusimos en contacto con muchas de ellas y varias quisieron sumarse a este proyecto. Es una producción en conjunto en donde todas las iniciativas que se quisieron sumar, que fueron diez, nos ofrecieron una serie de personas que podíamos entrevistar y de esa manera se fue armando.

¿Cuál era su principal objetivo?

Lo que buscábamos era mostrar que las iniciativas impulsadas por Álvaro del Portillo no eran una ONG más, sino que tienen el valor diferencial de que buscan elevar a la persona, tanto a nivel profesional, adquirir un trabajo, mejorar socialmente, como también a nivel interior. Buscábamos un cambio, no queríamos el cliché de "antes no tenía que comer, ahora sí", que es muy importante, sino mostrar lo que generan estas instituciones, que es "vos no tenías que comer, nosotros te damos las herramientas para que ahora puedas comer". Se busca que uno crezca como persona a nivel global, que perdones si tenías un problema familiar, que formes una familia si todavía no tenías esa ambición, y que conozcas a Dios. Muchas personas no sabían quién es realmente Dios y a través de estos proyectos pudieron conocerlo. Por eso me atrevo a decir que estas instituciones son dobles, porque ayudan a la persona a crecer en lo humano, en lo material, pero también como personas a nivel global.

El director y su equipo en Quito.

Siendo el beato Álvaro un hombre de tantas facetas, ¿por qué decidieron resaltar su servicio a los demás?

Va en la línea de lo que el papa Francisco nos está invitando a los cristianos. Yo soy católico y el papa Francisco invita mucho a ir a las periferias. Un modo de estar unido a su mensaje era ver que si a Álvaro lo iban a poner como ejemplo para todos los cristianos por sus virtudes, de qué manera profundizábamos lo que la Iglesia nos invita ahora. Y justamente Álvaro del Portillo invitaba a eso todo el tiempo. Hay una anécdota que a mí me sirvió mucho: en Guatemala hubo un terremoto en la década del 70, y una persona que entrevisté cuenta que Álvaro del Portillo lo llamó y le preguntó cómo estaba, porque estaba preocupado por "sus hijos del Opus Dei". Una vez que supo que estaban bien, preguntó: "¿Y cómo está todo el mundo?". Y cuando le contestó que estaba todo muy complicado, le dijo: "Bueno, entonces ustedes tienen que hacer algo por los demás ahora mismo. ¡Pónganse a trabajar!". Y a raíz de eso armaron una fundación, consiguieron gente de muchos países que ayudaban económicamente, y desde el Estado les pidieron que reconstruyeran una localidad. Y la reconstruyeron por entero. Hoy en día hay un colegio, una casa de gobierno, una iglesia… y todo esto porque hubo una persona desde atrás que los animó y les dijo que no podían quedarse con los brazos cruzados. Y ese fue Álvaro del Portillo.

¿Qué es lo que a vos más te impacta del beato Álvaro?

Leí más de 60 encuentros que tuvo con personas de todo el mundo y leí también su biografía, de unas cuantas páginas. Me atrevo a decir, fruto de todo esto, que era una persona que concretaba. Hice un documental antes que se llamaba "Inspirados para amar", donde lo veía al fundador del Opus Dei, san Josemaría, justamente como un inspirador. Uno lo veía, lo escuchabas, y te hacía hacer el bien, te inspiraba en tu interior a que hicieras cosas. Y creo que Álvaro del Portillo fue el que concretó todo lo que inspiró san Josemaría. Por eso uno ve que desde el año 1975, cuando es nombrado sucesor de san Josemaría, impulsó infinidad de iniciativas. En el documental son diez, pero hay muchísimas en todo el mundo. Por eso me animo a definirlo de esa manera, un hombre de acción, una persona que concretaba lo que soñaba san Josemaría.

¿Qué querés transmitir a la gente que ve el documental?

Que es posible concretar algo por los demás. A veces nos pasa que queremos hacer algo por los demás y uno piensa que está todo el día trabajando, que no tiene tiempo, pero hay muchas alternativas donde uno puede ayudar. Quizás en un voluntariado, uno tiene dos horas a la mañana de un sábado y por más que querés descansar del trabajo de la semana, lo dedicas a los demás. Yo lo que noté es que estas iniciativas eran fruto de personas que hacían eso. También había algunas que se la jugaban por entero. Había una chica de 30 años en El Salvador que estaba frente a los maras (pandillas violentas salvadoreñas), y corría peligro su vida todos los días, aunque ella lo negaba. Estaba en una zona complicada y me contaba que le habían ofrecido trabajo en muchos lugares pero ella se sentía realizada trabajando ahí. Los del documental son una serie de personas que yo admiro. Por ejemplo, en Siramá, hasta el día de hoy, se capacitaron 42.000 personas: es impresionante. Me ilusiona que la gente se quede con que todos podemos hacer algo por los demás, trabajando el tiempo que uno puede, para mejorar el mundo en el que vivimos.

Filmando en El Salvador.

¿Qué fue lo más enriquecedor del viaje alrededor de Latinoamérica?

Vi que es posible que haya un cambio social. En Chile, por ejemplo, hay una fundación que se llama Fundación Nocedal, que es increíble. Son colegios que tienen toda la tecnología, aulas enormes, y están en el medio de la villa miseria, con el mayor índice de delincuencia de todo Chile. Ahí promueven a la gente, la ayudan a ir adelante. Me impactó muchísimo una chica que estudiaba en la universidad y me contó su vida. Eran problemas de abuso, también su padre había estado preso muchos años y ella era hija única, trabajaba todo el día e iba a la universidad. Y te hablaba de una forma que te dabas cuenta de que tenía un formación muy sólida, pese a todas las circunstancias adversas. Y la razón eran estos colegios. Eso te lleva a pensar que con estas instituciones podés hacer un cambio social inmenso. Una persona como Álvaro del Portillo, impulsando a los demás, puede generar que tantas personas en toda Latinoamérica puedan ser parte de ese cambio. Y transmitís esperanza. A nivel personal, me creí esto de que es posible el cambio social, que no son solo palabras lindas o una utopía, sino que es algo real.

¿Cuál fue la historia que más te llegó?

La historia de Siramá, donde la señora me cuenta que mataron a su hijo porque su cumpleaños era el día de la muerte para las maras: es una realidad totalmente ajena a la que vivo en Buenos Aires, fue meterme en un mundo nuevo. En la entrevista me metí tanto que le pedí que me llevara a donde habían asesinado al hijo. Le pregunté si era peligroso, me dijo que no y cuando estábamos filmando el lugar aparecieron cuatro maras que habían investigado sobre nosotros y nos preguntaron qué estábamos haciendo. Me habían explicado que si ves un mara a los ojos y le caés mal te puede disparar, tal impunidad hay en ese lugar. Bajé la cabeza del miedo y, finalmente, no hubo ningún problema.

Esta señora está en ese ambiente todo el tiempo, y no solo salió adelante, sino que se transformó en una concejala de ese lugar. De no tener nada, aprendió computación, emprendedurismo, mejoró la sociedad, armó todo un tejido eléctrico, y hoy es concejala del lugar. Me dijo que ella pudo sobrellevar el dolor de la muerte de su hijo, que es un dolor inmenso, por lo que aprendió en Siramá. Ahí te das cuenta cómo las enseñanzas del beato Álvaro dan vuelta a la gente. En vez de tener un país, una nación, que está con resentimiento mirando para atrás, tenés una nación que mira para adelante, con esperanza. Y ese es el mensaje cristiano y el mensaje que Álvaro del Portillo quiso transmitir.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

En torno al beato Álvaro ya tuvimos mucho, hay que decantarlo, dejarlo fructificar. Estamos con un proyecto que va en la línea de la superación personal, es un proyecto de ficción. Se llama "Matungo", es una miniserie de cuatro capítulos sobre una persona que está en la calle trabajando como cartonero y puede cumplir su sueño de dedicarse al mundo de la hípica. Es una historia que yo creo que en el contexto actual de nuestro país nos da mucha esperanza.Yo estoy como productor y Mariano Farías es el guionista y director. Tiene el mismo mensaje que daba el beato Álvaro, es un mensaje de esperanza que apunta a todas las personas.


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