Abrazos y dibujitos ahí donde la pobreza se puede tocar

Mariana Adeja trabaja en Sendas, un dispensario ubicado en González Catán. Atiende chicos y chicas que viven en situación de extrema pobreza. Junto con el resto del equipo busca dar, dentro de sus posibilidades, la mejor atención a los chicos y a sus familias.

De Argentina
Opus Dei - Abrazos y dibujitos ahí donde la pobreza se puede tocar La pediatra que prefieren los chicos de Los Ceibos

Mariana Adeja es pediatra, vive en Capital Federal y ejerce en Adrogué, pero dos sábados al mes realiza un camino diferente. Con lluvia, frío o calor, viaja hasta González Catán, en el partido de La Matanza, para atender a los chicos y chicas en Sendas, un centro médico que desde 1999 impulsa programas de atención primaria de la salud. "Es muy lejos, es complicado y cansador", dice Mariana con una sonrisa, "pero si no vamos, no va nadie".

Los hospitales de la zona no dan abasto con la demanda que tienen, por lo que no reciben a los pacientes a menos que estén muy graves. "A un chico que tiene sarna hace tres meses y está todo picado no lo atienden, porque de eso no se muere", explica Mariana.

Un sábado al mes, Sandra se levanta a las 4 de la mañana para llevar a sus tres hijos a un control médico: "Yo vivo a dos cuadras y los he llevado al hospital, pero no los atienden como los atienden acá. En Sendas los revisan bien. Y la doctora es muy buena, tiene mucha paciencia con los chicos". Magdalena, otra vecina, asiente escuchando a Sandra y destaca la paciencia de la doctora.

Mariana llega junto con el resto del equipo a las 10. Muchas veces hay fogatas encendidas por las familias que hacen cola para ser atendidos desde las 4 de la mañana, buscando paliar el frío mientras esperan a la intemperie.

"Cuando vengo, lo que más me motiva es el seguimiento de la gente. Los veo en las primeras etapas del bebé, presenciás las primeras comidas, las primeras enfermedades y las mamás aprenden lo que tienen que hacer, aprenden las cosas más básicas, como lavarse las manos... Porque nadie se los enseñó jamás. Los chicos empiezan a caminar, van al jardín, a primer grado. Hay todo un seguimiento de los chicos y de la familia, porque después vienen los hermanitos. Y llegan y te abrazan y te hacen dibujitos…", confiesa Mariana. Y agrega: "No solo curás a los chicos, sino que a las mamás las ayudás a conocer a sus hijos y a descubrir qué necesita cada uno".

Sandra comenta que sus hijos solo quieren atenderse con la "doctora Mariana" y que, cada vez que llegan, la abrazan y le cuentan de la huerta que tienen en su jardín, orgullosos. "Acá, mi segundo hijo tuvo su primer control cuando nació y ahora, cuando viene a atenderse, se ríen los dos, porque la doctora le cuenta que como era muy grandote no entraba en la balanza". Esos momentos que levantan el ánimo son muy necesarios. Alrededor de Sendas, las casas son sencillas pero cuidadas. Pero, en cuanto uno se aleja un poco, hay casillas construidas sobre un basural y está todo contaminado por las inundaciones del río de La Matanza.

"Yo me formé en un hospital público, así que estoy acostumbrada a atender gente que tiene muchas necesidades, pero igualmente hay situaciones que vas percibiendo en la consulta que te impactan", explica seria, en un contexto en el que proliferan las drogas, la violencia familiar y los problemas de seguridad. Magdalena, que acompaña a su hija en la consulta, relata cómo en la última semana entraron dos veces a robar en la escuela primaria de su barrio. "Tenés que hacerte la idea de que no vas a resolver todas las problemáticas, sino lo que una puede, porque si no, no querés ir más", sentencia Mariana con cierta solemnidad.

Claudia trabaja atendiendo a la gente cuando llega, repartiendo los números y coordinando el trabajo. Las grandes necesidades la llevan a sacar la misma conclusión: "Una tiene que conformarse con hacer lo que puede, sabiendo que es mejor que no hacer nada". Visto desde fuera, ese "hacer lo que puede", en el caso de Sendas, es mucho. Mientras los chicos esperan la consulta, se les da apoyo escolar. Los sábados, debido a la falta de médicos, solo llegan a atender la mitad de la demanda. Hay oftalmólogos de la clínica Malbrán, que van una vez al mes, y dentistas que atienden cada quince días. Luego, el centro sigue funcionando en la semana. Los lunes atiende el grupo CONIN a familias con riesgo de desnutrición y hay talleres de gastronomía, de costura y manualidades para dar una salida laboral a la gente del barrio.

En el centro médico hay también una farmacia, donde venden cada "pack" de remedios a cinco pesos. A veces, los beneficiados pagan más como para aportar su granito de arena a ese costo simbólico. "Es siempre un milagro con el tema de los remedios, van apareciendo donativos. Hay médicos que fueron un par de veces y no pueden seguir, entonces consiguen medicamentos y los mandan. Y cuando hay congresos de pediatría me voy con la valija vacía y me la traigo llena de muestras".

Para Mariana, el hecho de ser numeraria del Opus Dei le ayuda mucho a vivir su profesión con espíritu de servicio. "El mensaje de la Obra es la santificación del trabajo profesional, y siempre le doy gracias a Dios de que, en mi caso particular, encaje de forma tan fácil y natural con mi profesión. El hecho de ser pediatra tiene mucho que ver con el servicio al más necesitado, y más donde yo lo ejerzo", testimonia. "Hay veces que me canso, que no puedo más, pero pienso que hay tanta gente poniendo esfuerzo para que este proyecto salga adelante que ¡no lo puedo dejar!".

Acerca de Sendas y González Catán

SENDAS es un Centro de Prevención de la Desnutrición y Atención Médica Primaria, que colabora con la Red CONIN. Se inauguró en noviembre de 2007, pero desde el año 1999 se impulsa programas de atención primaria de la salud, medicina preventiva, familia y minoridad, y nutrición. Se presta atención médica pediátrica, clínica médica, nutrición, oftalmología, odontología para adultos y psicología. Se trabaja con las familias del Barrio Los Ceibos, de González Catán. Ubicada en el Partido de La Matanza, la localidad tiene cerca de 164 mil habitantes y es considerada una de las más necesitadas del conurbano bonaerense.