80 años después, diez historias sobre formación cristiana

El 21 de enero de 1933 San Josemaría impartió la primera clase de formación cristiana del Opus Dei. 80 años después el influjo de los medios de formación que se imparten en el Opus Dei llega a jóvenes de los cinco continentes.

De Argentina

El fundador del Opus Dei puso en 1932, bajo el patrocinio de San Rafael, la labor de formación cristiana de la juventud. Unos meses más tarde impartió la primera Clase o Círculo de San Rafael -clases de formación doctrinal religiosa-.

Andrés Vázquez de Prada recoge el relato que hizo el propio San Josemaría: "El sábado pasado, con tres muchachos y en Porta Caeli di comienzo, g.a.D., a la obra patrocinada por S. Rafael y S. Juan. Hice después de la charla, exposición menor, y les di la bendición con el Señor."

"Al terminar la clase, fui a la capilla con aquellos muchachos, tomé al Señor sacramentado en la custodia, lo alcé, bendije a aquellos tres..., y yo veía trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones..., blancos, negros, amarillos, de todos los colores, de todas las combinaciones que el amor humano puede hacer. Y me he quedado corto, porque es una realidad a la vuelta de casi medio siglo. Me he quedado corto, porque el Señor ha sido mucho más generoso".

Durante estos años, muchos jóvenes de todo el mundo han asistido a los medios de formación cristiana, que les ha facilitado madurar en su fe y difundirla entre sus amigos y conocidos:

1. Pedro, estudiante de Químicas en Al maty : "Kazajstán es un país donde conviven diversas religiones, y por eso nosotros nos dedicamos a procurar que nuestros amigos recen, a que practiquen su religión".

Pedro junto a varios amigos kazajos.

2. Teresa acude a medios de formación a Zurbarán , un centro del Opus Dei, e imparte catequesis en una parroquia.

Teresa estudia Derecho y asiste a los medios de formación del Opus Dei en un centro de universitarias.

3. Rita Youssif es una joven libanesa de rito maronita. Imparte actividades de formación espiritual cristiana en la Escuela Al-Tilal .

4. Juan Stenner, atleta mexicano, cuenta que la formación que recibe en los centros del Opus Dei le ayuda a trabajar mejor y a acercar a sus amigos a Dios.

Juan Stenner, al finalizar una prueba de atletismo.

5. Ana asiste a medios de formación en La Habana . En la JMJ de Madrid le pidió un consejo al Prelado del Opus Dei para ser alma de oración.

6. En Costa de Marfil, a pesar de las dificultades : Recientemente Abidján acaba de salir de un periodo de luchas y las universidades siguen cerradas. Con un poco de ingenio la formación de los estudiantes sigue en marcha en el Centro Cultural Comoë.

Sala de estudio del Centro Cultural Comoë (Abidján)

8. En Taiwán : "Cuando un taiwanés acepta la fe, se convierte en un católico convencido y piadoso", cuenta Isabel, una mallorquina que trabaja en una radio.

Isabel vino a la JMJ con varias amigas taiwanesas.

9. Jóvenes de diversos países relatan cómo viven su vida cristiana con un único objetivo: la felicidad .

10. Varios jóvenes que reciben formación cristiana en actividades organizadas por el Opus Dei explican su experiencia .

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¿Qué son los Círculos o Clases de San Rafael?

Extracto del artículo "Labor de San Rafael (II)"

A comienzos de 1933, San Josemaría impartió el primero de los que después se llamarían “círculos de San Rafael”. Los círculos o clases de San Rafael son el eje alrededor del cual se organizan el resto de medios tradicionales. Incluyen tanto el curso preparatorio como los cursos profesionales .

El curso preparatorio es un ciclo de sesiones sobre la vida cristiana. El temario está basado en el Evangelio y en el Catecismo de la Iglesia Católica , y contiene explicaciones sobre los sacramentos, la oración, las virtudes cardinales y teologales, el sentido de la filiación divina, el encuentro con Dios en el estudio, en el trabajo y en las relaciones sociales, etc. Las clases son breves, tienen un tono familiar y apostólico, y el enfoque es práctico: ayudar a descubrir la belleza de vivir coherentemente la fe en las circunstancias ordinarias de cada persona. Como complemento a las lecciones, quien dirige el curso habla periódicamente con los asistentes que lo deseen, para resolver posibles dudas y orientar y animar su vida cristiana y su apostolado.

La participación en el curso preparatorio requiere un mínimo de conocimiento de la doctrina católica. Si es necesario, antes se pueden impartir sesiones sobre la fe –o incluso sobre virtudes humanas–, para que los interesados adquieran las nociones previas fundamentales de la vida cristiana.

Al acabar el curso preparatorio, quienes lo deseen se pueden incorporar a los cursos profesionales . Éstos tienen como objetivo proporcionar un conocimiento teórico–práctico profundo de la fe y la moral católica, que sirva para reflexionar y vivir libre y responsablemente la propia identidad cristiana. Responden a la necesidad, tan esencial para el cristiano, de razonar desde la fe, desde Cristo: “Todo el que cree, piensa; piensa creyendo y cree pensando [...]. Porque si lo que se cree no se piensa, la fe es nula” [8 ]. Efectivamente, “el intelecto debe ir en búsqueda de lo que ama: cuanto más ama, más desea conocer. Quien vive para la verdad tiende hacia una forma de conocimiento que se inflama cada vez más de amor por lo que conoce”.

El temario de estos cursos es variado: abarca desde cuestiones éticas y antropológicas fundamentales (sobre el matrimonio, la educación, el respeto de la vida, etc.), hasta temas doctrinales de actualidad, que muchas veces tienen su origen en la publicación de un documento del Magisterio de la Iglesia. De ordinario, durante una primera etapa se explican materias de interés general, adaptadas a las circunstancias de los participantes. Después, en un segundo ciclo del curso, se pueden tratar temas especializados de deontología profesional, por ejemplo, agrupando a los asistentes según profesiones o intereses afines. El Catecismo de la Iglesia Católica constituye un material de referencia para la preparación de estos ciclos.

En los cursos profesionales, junto con la parte especulativa, se anima a los participantes a aprovechar los conocimientos que reciben, para alimentar y fortalecer su vida cristiana y el apostolado con sus parientes, amigos y colegas. Como señalaba Juan Pablo II, la responsabilidad que supone tener la fe “significa también amarla y buscar su comprensión más exacta, para hacerla más cercana a nosotros mismos y a los demás en toda su fuerza salvífica, en su esplendor, en su profundidad y sencillez juntamente”.