Una nueva visión del trabajo

Artículo publicado por el Pbro. Luis Caballero, vicario del Opus Dei en Rosario y Santa Fe, con motivo del 80º aniversario de la fundación de la Obra.

De Argentina

Casi todas las realidades humanas de la sociedad moderna se definen en relación con el trabajo. Habitualmente, la tarjeta de presentación de una persona, que define su identidad social, expresa invariablemente cuál es la profesión que ejerce y la empresa u organización para la que trabaja; también la ropa, los lugares que frecuenta, las relaciones con los demás y hasta el modo de hablar de cada uno se configuran frecuentemente con referencia a la ocupación laboral.

Esta afirmación puede dar cauce a juicios negativos y positivos, según la perspectiva que se considere. Sin embargo, un punto es indiscutible: la humanización e integración del trabajo en el proyecto de la vida de cada persona es, en el siglo XXI, un desafío nada fácil de resolver.

La revolución industrial, el taylorismo y, luego, el fordismo, hasta llegar a la sociedad posindustrial, de alta tecnología y grandes multinacionales, han generado una desvinculación entre el trabajo de cada persona y la conciencia personal de estar haciendo un aporte valioso al mundo.

En este contexto, visto desde una perspectiva sobrenatural, parece lógico que Dios quisiera inspirar una institución cuyo mensaje estuviera al servicio de una revalorización del trabajo cotidiano, tanto en sí mismo como en su relación con la vida de trato con Dios: esta institución es el Opus Dei, que cumple hoy 80 años.

El 2 de octubre de 1928, San Josemaría Escrivá comprendió, por una especial luz divina, que debía fundar una institución al servicio de un mensaje: que todos los hombres pueden alcanzar una vida cristiana plena y que, por esto, todas las circunstancias normales de la vida –trabajo, descanso, familia, relaciones sociales, etcétera– son ocasión de encuentro con Dios y de servicio al prójimo.

Por motivos profundos y misteriosos, pero claramente accidentales, con el correr de los siglos, "la vida en el mundo, el trabajo y la profesión, así como las obligaciones de la vida matrimonial y familiar, se consideraban un impedimento para la verdadera vida cristiana" (Martín Rhonheimer, "Transformación del mundo", Rialp, Madrid, 2006). De esta manera, continúa Rhonheimer, "las virtudes unidas al trabajo profesional ordinario, como la laboriosidad, la honestidad, la honradez y la sana competitividad, apenas se ponían en relación con la vida espiritual y con el mandato cristiano del amor".

En este sentido, San Josemaría recuerda que "la fe y la vocación de cristianos afectan a toda nuestra existencia, y no sólo a una parte". Por esto, las ocupaciones cotidianas –trabajo en sentido amplio, que incluye las tareas del hogar para las amas de casa, el estudio para los estudiantes, el ministerio diario para los sacerdotes...– son una ocasión de encuentro con Dios y tienen una trascendencia divina, de servicio a las demás personas y de mejoramiento del mundo.

Así lo expresaba el fundador del Opus Dei: "Allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está el sitio de vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es en medio de las cosas más materiales de la tierra donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria..." ( San Josemaría Escrivá, de la homilía "Amar al mundo apasionadamente", 8-X-1967).

Esta concepción de la vida cristiana y del trabajo, abre una perspectiva de libertad y pluralismo en las cuestiones humanas. Por esto, San Josemaría decía: "En lo humano, os dejo como herencia mi amor a la libertad y el buen humor". En lo divino, nos dejó como herencia el Opus Dei, Obra de Dios, Trabajo de Dios, con la misión de difundir entre todos los hombres esta visión dinámica y positiva del trabajo y de la vida de todos los días, como ámbito en el que se debe vivir en amor a todos, que es la esencia del cristianismo.

  • Pbro. Luis Caballero | Diario La Capital, Rosario