“Soy Rebelde. Necesito expresar lo que siento”

María Faraone, pintora, retrató a San Josemaría. Expone sus pinturas en New York, Moscú, París, Barcelona y Buenos Aires. Es cooperadora del Opus Dei desde hace más de veinte años.

De Argentina

“Soy un poco audaz y sobretodo cuando se trata de hacer retratos. Cuando me ofrecieron hacer uno de San Josemaría Escrivá dije: ¿porqué no? Para mí era un honor retratar a una figura tan importante.”

María Faraone es una pintora cuya temática es el ser humano y la belleza. Tiene una mirada particular al considerar que “el arte es algo que nos tiene que elevar como personas”. Admite que no todos opinan lo mismo, pero ella reafirma su posición mostrando una fuerte personalidad: “Soy rebelde. Necesito expresar lo que siento. Yo pinto al revés del mundo.” Hoy el arte abstracto quizá goza de mayor prestigio en ciertas escuelas. Sin embargo, Faraone todavía acude a las figuras concretas, a riesgo de ser catalogada de naïf. Ella busca la armonía y trata de reflejarla a través del color, de la alegría, incluso del dolor. Porque afirma que no se puede ser solidario sin conciencia del dolor, y no admite la despersonalización. 

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¿Cómo descubrió a San Josemaría Escrivá?

Conocí el Opus Dei por mi marido. Luego, leí Camino, Surco... He visto películas de San Josemaría Escrivá. Hice retiros espirituales. Me gustó mucho el espíritu de la Obra: la búsqueda de la santidad en los quehaceres de la vida cotidiana, cada cual desde su lugar. Me pareció una maravilla. Nos ayudó a ser mejores. Noté un cambio. Podíamos tener más paz, podíamos entender más cosas, podíamos encontrarle un sentido a las contradicciones. Aprendí a ofrecer los inconvenientes... 

¿Qué le parece el “aire” que se respira en las labores promovidas por el Opus Dei?

En el ejercicio de las virtudes que propone el Opus Dei he visto reflejado el espíritu de mi madre. Yo siempre sentí una profunda admiración por ella y era justamente ese espíritu de laboriosidad, de excelencia, de hacer las cosas lo mejor posible, de ponerse en el último lugar... Para mi fue reafirmar valores que había vivido junto a mi madre. Entonces me sentí consustanciada, me parecía lógico lo que escuchaba. Vi que eran propuestas con los ojos en Dios, pero con los pies sobre la tierra. 

¿Cómo logró captar la paz y la alegría de San Josemaría en sus cuadros?

Yo creo que influyeron las fotografías y los videos. Además los que hacemos estas cosas tenemos una intuición especial. A mi me gusta la figura humana. En la mirada y en el gesto creo que se manifiesta la personalidad. El retrato tiene que reflejar el espíritu de la persona. 

La pintura, ¿le ayuda a hacer oración? 

Yo pienso que sí. De alguna manera sí. Porque a mi me gustaría, a través de mi trabajo, dar gloria a Dios. Haber encontrado un vehículo para dar gloria con esto. Pienso que esa es una de las misiones que tengo. Además me siento con el compromiso de hacerlo porque Dios me ha dado esta facilidad. Pienso que el talento no es mío. Me lo ha prestado, entonces lo tengo que devolver.

¿Qué relación tiene con el Opus Dei?

Soy Cooperadora desde hace más de 20 años. Quiero a la Obra como si fuera mía y colaboro en lo que puedo. Veo el espíritu y los medios de formación que ponen al alcance de la gente, y de los jóvenes en particular. 

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Dejamos a María Faraone en su taller experimentando nuevas expresiones artísticas. Ahora su espíritu inquieto intenta conjugar la pintura con la música de grandes óperas universales. Pero, más allá de las figuras, lo que busca es captar la esencia de las cosas, siendo fiel a su modo de concebir el arte: un disfrute espiritual que inspire a las personas a construir un mundo mejor. Un mundo que San Josemaría amó y enseñó a “amar apasionadamente”.