Recuerdan al fundador del Opus Dei a 35 años de su muerte

Al cumplirse 35 años del fallecimiento de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, se celebraron misas en su memoria con mucha afluencia de gente en distintas diócesis del país, entre ellas Buenos Aires, Rosario, La Plata, Mendoza, Córdoba, Tucumán, San Isidro y San Miguel.

De Argentina

El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio, presidió una misa concelebrada en la Catedral Metropolitana, en un templo colmado de fieles. Además de estar ocupados todos los bancos, hubo varios centenares de personas de pie.

La homilía estuvo a cargo del vicario regional del Opus Dei, monseñor Mariano Fazio, quien recordó que en su carta Novo Millennio ineunte, Juan Pablo II animaba con fuerza a “remar mar adentro”, a no quedarnos recluidos en nuestro ambiente personal. Dio gracias a Dios por los beneficios de 200 años de historia patria y por los primeros 60 años de presencia del Opus Dei en el país, y señaló que “los dos aniversarios nos llevan a un sincero examen de conciencia sobre cómo hemos cumplido con nuestras responsabilidades de cristianos y de ciudadanos”.

Citó varias veces el documento de Aparecida que constataba para toda América Latina: “El cristiano de hoy no se encuentra más en la primera línea de la producción cultural, sino que recibe su influencia y sus impactos”. Y expresó que por omisión, individualismo, falso espiritualismo y, a veces, clericalismo, los cristianos hemos dejado de ser la savia de la sociedad, y nuestra voz pareciera desaparecer o contar poco en el espacio público.

Apuntó que no es algo sólo de hoy, que ya en 1932 San Josemaría escribía: “Es frecuente, en efecto, aun entre católicos que parecen responsables y piadosos, el error de pensar que sólo están obligados a cumplir sus deberes familiares y religiosos, y apenas quieren oír hablar de deberes cívicos”. “Vuestro amor a todos los hombres —escribía San Josemaría en 1948— os debe llevar a afrontar los problemas temporales con valentía, según vuestra conciencia.”

El vicario regional del Opus Dei se refirió a la promoción de los más pobres y excluidos y animó a pensar cómo nos planteamos lo que el Santo Padre ha llamado “el escándalo" de la pobreza en la Argentina.

“El año pasado –dijo monseñor Fazio- estuve ayudando espiritualmente a universitarios de una residencia de Buenos Aires. Varios chicos iban todas las semanas a la villa 31 y la 21 a dar apoyo escolar… Otros se reunían los lunes para hacer la noche de la caridad, y dar de comer a personas sin techo que duermen en las plazas. Al charlar con ellos me doy cuenta de lo importante que es el encuentro con la persona necesitada: ver a Cristo en el prójimo necesitado, para tomar conciencia de los bienes recibidos y de la deuda de amor que tenemos con los más pobres. Un cristiano, nos recuerda siempre San Josemaría, no puede permanecer indiferente ante las necesidades, espirituales y materiales, de los demás. Lo decía con conocimiento de causa, porque afirmaba que el Opus Dei había nacido entre los pobres y los enfermos de los hospitales de Madrid."

“Vuestro amor a todos los hombres —escribía San Josemaría en 1948— os debe llevar a afrontar los problemas temporales con valentía, según vuestra conciencia.”

En Aparecida, agregó, se subraya “una idea que le hubiera encantado a nuestro santo. Allí se pone en relación la opción preferencial por los pobres con la evangelización de los constructores de la sociedad: una de las causas de la injusticia patente que vemos en América Latina reside en que muchos miembros de las clases dirigentes presentan una falta de coherencia entre lo que se cree y lo que se vive. De ahí la importancia y la urgencia de evangelizar a esas personas que son tan importantes para la vida de un pueblo”.

En La Plata, ante mucha gente, presidió una misa el sábado 26 por la tarde el arzobispo, monseñor Héctor Aguer, quien habló de la coherencia entre lo que se cree y lo que se vive, citó la homilía “La libertad, don de Dios”, el libro Surco y otros escritos del fundador del Opus Dei. Al concluir, agradeció monseñor Fazio y animó a estar presentes en el debate cultural, en un ambiente relativista que está proponiendo modelos de vida, de familia, de costumbres, que en nada contribuyen al bien común.

En San Miguel, provincia de Buenos Aires, el obispo diocesano, monseñor Sergio Fenoy, inauguró una estatua de San Josemaría que fue colocada cerca de la entrada del templo, que estaba lleno de fieles, el sábado 26 de junio por la mañana. Al bendecirla, recordó que los santos son amigos de Jesucristo, a quien han seguido con fidelidad. Entre otros, asistió el intendente de San Miguel, Joaquín de la Torre, con varios colaboradores.

En la homilía de la misa, monseñor Fenoy afirmó que la imagen, con la presencia de gracia que encierra, será un motivo más de bendición para nuestro pueblo, cuya afluencia incesante a ese santuario no termina de asombrarlo. Recordó que del 7 al 28 de junio de 1974, San Josemaría vivió gran parte de su estadía en la Argentina en la diócesis de San Miguel. Y al señalar que muchos de los presentes habían conocido personalmente al santo, estimó que era una gracia especial de la celebración advertir que la santidad es contemporánea. “Estamos acostumbrados a venerar a los santos de otros siglos, a mirar hacia atrás ¡qué bueno es que mirar hacia el costado nos haga ver la santidad!” Y reflexionó: “Que la santidad sea contemporánea nos hace pensar que es posible hoy, que es posible para mí”. Animó también a todos a rezar por la beatificación de la madre Camila Rolón, fundadora de las Hermanas Pobres Bonaerenses, y a visitar su tumba, en la casa de esa congregación a pocas cuadras de la Catedral.

Finalmente, monseñor Fenoy recordó unas de las últimas palabras que le arrancaron a San Josemaría cuando se iba de nuestro país y comentó que a él le gustan mucho: “Que quieran mucho a San José y que nunca lo separen de Jesús y de María”.

Al concluir la misa, monseñor Fazio recordó que San Josemaría decía que “el Opus Dei tiene que tirar del carro en la misma dirección del obispo” y el 26 de junio de 1974 -hace 35 años y exactamente un año antes de fallecer en Roma- dijo en nuestro país que dejaba su corazón a los pies de Santa María de Luján.

En Santiago del Estero, la celebración eucarística fue presidida por el obispo local, monseñor Francisco Polti, quien se detuvo “en dos realidades de nuestra vida donde se presenta el gran desafío de la santidad: el trabajo y la familia”.

Tras recordar que “el cristiano que busca la santidad se esforzará por realizar un trabajo con perfección humana y ofrecido a Dios. En el trabajo cotidiano bien hecho, el hombre no sólo se perfecciona a sí mismo, sino que da gloria a Dios, su Padre y Creador, y contribuye al bien común, al bien de cada persona”, indicó que “el matrimonio no es, para un cristiano, una simple institución social, es una vocación cristiana, es un sacramento y la base de toda familia. Los casados junto con sus hijos están llamados a santificarse en la vida familiar. Y según San Josemaría, santificar el hogar se trata de crear, con el cariño, un auténtico ambiente de familia, hogares luminosos y alegres, como lo fue el de la Sagrada Familia".

Por esto, monseñor Polti llamó a pedirle a San Josemaría que “nos consiga del Cielo -él que predicó infatigablemente el camino de la santidad- los deseos de llevar una vida santa y la fuerza para emprender la lucha cotidiana, ante todo en nuestras familias y en el trabajo de cada jornada, propia del cristiano que sabe que está de paso por este mundo y que anhela la vida plenamente feliz en el Reino de Dios, donde sólo habitan los santos”.