"No nos encerremos en nosotros mismos, démonos cuenta que podemos dar mucho más"

Reproducimos un artículo del padre Víctor Urrestarazu, vicario del Opus Dei en Argentina, publicado en el diario El Liberal con motivo de su visita a Santiago del Estero.

De Argentina
Opus Dei - "No nos encerremos en nosotros mismos, démonos cuenta que podemos dar mucho más"

El vicario regional de la prelatura en la Argentina, Bolivia y Paraguay del Opus Dei, presbítero Víctor Urrestarazu, visitó Santiago del Estero y mantuvo una entrevista exclusiva con EL LIBERAL.

"El motivo de mi visita es ver a la gente cercana a la Obra, transmitirle el cariño del Papa, del prelado, monseñor Javier Echevarría, y animarlos a que hagan mucho más del evangelio de la misa de San Josemaría (Escrivá de Balaguer), que vayan mar adentro, que no se queden en la orilla, en la comodidad, en lo fácil, que se compliquen la vida por Dios, que en el fondo es ganar para uno mismo", dijo el presbítero Urrestarazu.

En estos tiempos que parecen complicados, el vicario subrayó que "el mensaje de San Josemaría es que no nos quedemos encerrados en nosotros mismos, sino que nos demos cuenta que podemos dar mucho más; darle más a Dios y comprometernos con él". En este sentido, remarcó que "hoy nadie se quiere comprometer con nada, entonces que el compromiso con Dios nos lleve a comprometernos más con los demás".

Urrestarazu también citó al Sumo Pontífice al decir que "el Papa nos dice ir a esos lugares más difíciles, a las periferias materiales y existenciales". "Ser una Iglesia de salida, un hospital de campaña, nadie es descartable, todos nos interesan...creo que ese es el mensaje de San Josemaría en el siglo XXI, cuidando lo esencial y cambiando lo accidental porque los tiempos que nos tocan vivir son distintos y son los mejores tiempos", enfatizó el padre.

Encuentro

En la salida al encuentro del otro puede haber ciertas dificultades, pero es importante que la gente siga trabajando en el apostolado llevando el mensaje de Dios. Es por eso que el sacerdote reveló y aconsejó cómo salir a ese encuentro y no quedarse en el camino: "Por un lado, estamos en una especie de primavera de la Iglesia y para que permanezca en el tiempo es fundamental nuestra propia vida interior, cuidar mucho nuestro encuentro con Dios. Los sacerdotes, administrar los sacramentos, estar disponibles, ser sacerdotes 24 horas, salir de nuestra zona de confort. Después, que dentro de nuestra vida interior también estén incluidas esas personas a las que queremos llevar. ¿Cómo hacer para ayudar asertivamente a la gente? Primero, hablando con Dios de esa gente y luego hablando de Dios con esa gente. A veces no habrá que ni mencionarlo a Dios, porque está gente está muy lejos de él, pero sí transmitirle cercanía, que no tenemos ningún tipo de barrera, que no hay nada que obstaculice el trato con ellos. No hay que tener miedo. Debemos ser personas ejemplares, aunque a veces nos cueste".

Y resaltó que "el ejemplo es el mejor predicador, decía San Josemaría. Ser personas que nos caractericemos por hacer bien nuestro trabajo, porque cuidamos las virtudes humanas y cristianas, cuidamos nuestra familia, a las personas que están necesitadas. Sobre todo a las personas que están en esas situaciones de fragilidad, que el Papa habla en su exhortación apostólica; estar muy cerca de ellas. No descartar a nadie, sea de la religión que sea, crea o no en Dios. Para eso estamos".

A los agentes pastorales recomendó: "No bajen los brazos, quizás es gente un poco más difícil, pero hay que acompañarlos, comprenderlos, disculparlos, tenerles paciencia y darles amor aunque no lo reciba. Eso es clave".

Desafíos de la Iglesia

Con respecto a los desafíos de la Iglesia en este año especial para la Patria, Urrestarazu señaló que "por ser el año de Bicentenario tenemos que aprender a vivir en la libertad de los hijos de Dios, que es libertad y no libertinaje. Ese grito de libertad que fue la Independencia, que es algo muy bueno hace 200 años y seguirá siendo bueno toda la vida, es una libertad genuina, es comportarnos como Dios quiere y tener esa conciencia. Dios confía en mí y para no defraudar esa confianza yo tengo que confiar en Dios e ir viendo ¿está contento Dios con lo que estoy haciendo o no?".

"El mensaje del Bicentenario, que es un grito de libertad y esperanza, lo tenemos que llevar a nuestras propias vidas y vivirlo coherentemente. La libertad bien vivida mueve y la libertad mal vivida destruye", acentuó finalmente el sacerdote.