Mi familia y Johann Sebastian Bach

Cristina Zudaire, madre de familia y organista, es una apasionada de las obras de Bach. Ha sabido transmitir el gusto por la música a su marido y sus hijos. Esta supernumeraria del Opus Dei vive en Rauch (Argentina) y explica cómo "en el alboroto de la vida ordinaria" hay siempre un lugar para la belleza.

De Argentina

Mi padre fue quien me alentó a estudiar música desde chica y, a pesar de que nuestros medios económicos eran escasísimos, se empeñó en comprar un buen piano y luego elegir la maestra más prestigiosa de mi ciudad de origen, La Plata (Buenos Aires), para tomar clases con ella.  

Conocí la Obra cuando tenía dieciocho años gracias a la amiga de una amiga de mi madre que me vinculó a la residencia cuando buscaba acercarme al sacramento de la Confesión. 

 

En esos momentos estudiaba Música y profesorado de Filosofía, donde conocí a mi esposo, Daniel. Poco antes de casarme, pedí la admisión a la Obra. Quisimos vivir en Rauch, una localidad rural de la llanura pampeana donde él había nacido, con la ilusión de formar una familia numerosa. 

En la iglesia parroquial de este pequeño pueblo hay un hermoso órgano de tubos. Unos meses antes de mi casamiento habían finalizado unos trabajos de restauración que permitieron que pudiera seguir en él mis estudios musicales. 

Llenamos nuestro hogar de música, buenos libros y gusto por el arte. Fueron llegando nuestros cinco hijos. Como había aprendido en la Obra que mi familia era lo primero, me tranquilizaba mucho saber que “no perdía tiempo” si me dedicaba a atenderlos, a ir formando sus cabecitas y sus corazones con entusiasmo. 

A la vez, al considerar la música como otra parte de mi vocación, también me sentía muy tranquila cuando algunos tiempos de cada día, eran dedicados a sentarme al piano o al órgano a profundizar en las grandes obras de Bach. El mismo Juan Sebastián Bach ha sido para mí un magnífico modelo de padre cariñoso de una numerosa familia a la cual dedicaba los mejores tiempos de su laboriosa vida sin ningún menoscabo a su genial tarea de compositor. Algunas  de sus más hermosas obras fueron creadas para la educación musical de su familia. A medida que mis hijos han ido creciendo se han incorporado también a la vida musical. 

Actualmente, mis hijos ya son todos adolescentes, la mayor estudia canto, la segunda ha pedido la admisión a la Obra como numeraria y está todavía en el colegio como los dos varones que la siguen, y la más chica tiene 12 años. Forman, junto con mi esposo, parte de un coro que canta en la iglesia todos los domingos. Aman la naturaleza, la cultura y el arte. Y todos quieren mucho a la Obra: para ellos, es parte de su familia. 

En este último tiempo he podido dar algunos conciertos de órgano dedicados íntegramente a aquellas grandes obras de Bach que vengo estudiando desde hace años entre el alboroto de los chicos, las tareas del hogar, el trato con Dios y la vida de amistad.