La historia de Guille

Virginia tiene alma de deportista y es plusmarquista en salto de dificultades. Ha luchado junto con su marido por sacar adelante a sus hijos, en especial a Guille que nació con una seria malformación.Virginia guarda un método infalible, un elixir que le da la fuerza para superar con alegría los problemas.

En primera persona

Virginia Pérez-Orive es mujer, esposa, madre de cuatro hijos pequeños y abogada. Ha vivido en Nueva York, Bélgica y Hong Kong. Esta es su historia.

Una amistad sincera Mens sana in corpore sano es una conocida cita latina que encabeza muchos programas gimnásticos. Con la formación espiritual que recibe en el Opus Dei, como cooperadora -como amiga íntima de la Obra- Virginia ha aprendido a tener esa mens sana , a enfocar su vida desde la realidad de hija de Dios y a enfrentarse a los obstáculos: “Dios es mi Padre, y si permite que esto suceda es porque tiene algo pensado para mí”. Además, en la Obra ha encontrado esa amiga en la que confiarse y apoyarse. “Como amiga procuro dar pero recibo mucho más de lo que doy”.

La historia de Guille

Guille, es uno de los gemelos, que tienen cuatro años y están entre Martín, de siete, y la pequeña que ha cumplido dos (en el momento en que se realizó este vídeo, ésta no había nacido todavía). Nació con agenesia total de cuerpo calloso pero el diagnóstico fue anterior y le hicieron vivir a Virginia y a su marido “unos meses de muchísima angustia e incertidumbre”.

En la semana 16 del embarazo los bebés sufrieron síndrome de transfusión fetofetal y fue precisa una cirugía intrauterina. Después, vinieron meses de reposo absoluto y de exhaustivo control médico.

Fue entonces cuando se empezó a detectar que el cerebro de Guille no se formaba correctamente. Los doctores hablaban de una situación “nefasta” pero también de un pronóstico variable e incierto. Guille nació: ve, oye, anda, habla, juega, ríe, aunque ha tenido que pasar por dos neurocirugías y requiere mucha estimulación. Pero es un niño feliz y el pequeño tesoro de sus padres y hermanos.

Sin entrenamiento no hay quien esté en forma

En esas circunstancias en que surgen el desconcierto y el miedo es cuando Virginia ha recordado tantas enseñanzas recibidas en los medios de formación. “Has oído hablar tantas veces de la Cruz… y resulta que ahí está. Esa es mi cruz, la que me ha tocado. Voy a demostrarle a Dios que puedo ofrecérsela”.

Virginia dice que en la Obra sólo ha encontrado cosas buenas. “Me han acogido siempre como una más: en Nueva York, en Hong Kong, siempre he sentido que estaba en mi casa, con mi gente, sabiendo que si tenía cualquier problema me iban a ayudar. Desde que supieron lo de Guille, todo fue un volcarse en mí y en el niño”.