Favor de San Josemaría: "Con todos los requisitos"

Lidia Ada Sierra Thompson pidió a San Josemaría “un novio como la gente”, con una serie de condiciones. Y se cumplieron todas. Tres décadas después, agradece el favor y haber sido bendecida por Dios con un matrimonio muy feliz. Este es su relato

De Argentina

En agosto de 1980, por sugerencia de una amiga mía supernumeraria, comencé una novena al entonces Siervo de Dios Josemaría Escrivá para pedirle "un novio como la gente", ya que mis experiencias anteriores al respecto no eran favorecedoras.

Cuando volvía del trabajo, iba a una iglesia próxima a mi casa y durante nueve días invoqué a San Josemaría por este asunto. Lo curioso y atrevido es que, con mi amiga Laura B. de testigo, lo pedí con una serie de condiciones: que fuera viudo, porque yo tenía entonces 36 años y –en esos años- era raro encontrar un hombre a esa edad que no estuviera casado o si todavía era soltero, vaya a saber qué clase de vida llevada…; católico práctico (una aguja en el pajar), ingeniero de profesión (porque para volar estaba yo, asistente social, romántica, humanista), ya que los veía en general pragmáticos, juiciosos y responsables; culto; con hijos pequeños o de lo contrario sin ellos (entonces, a pesar de la edad, no me sentía madura para encarar una relación familiar con hijos adultos).

En el mes de diciembre yo tenía un pasaje para viajar a Japón por dos meses invitada por una familia muy amiga de diplomáticos en Japón e iba a partir en el mes de marzo de 1981. El 17 de diciembre del mismo año conocí al que sería mi esposo; cumplía todos los requisitos: viudo, católico practicante, ingeniero civil, culto, sin hijos.  Había enviudado el 30 de agosto de 1980, después de 20 años de matrimonio.

El sacerdote del Opus Dei que era entonces mi confesor, lo conoció enseguida y me señaló que Augusto era un alma de Dios y que él bendeciría nuestro matrimonio, que se celebró con Misa de Esponsales el 24 de abril de 1981. Finalmente, a Japón nos fuimos de luna de miel.

Un año después pedí la admisión en la Obra como supernumeraria y años más tarde lo haría también mi marido Augusto. Lamentablemente, perdimos todos los embarazos. Dios nos ha bendecido con un matrimonio muy feliz y con la formación y el cariño en la Obra. Recibimos también otras gracias importantes a lo largo de nuestro matrimonio. Por todo esto tengo un eterno agradecimiento a nuestro Padre, San Josemaría.