Estonia: una nueva evangelización desde los cimientos

“Nunca estuvimos mejor en los últimos cinco siglos”. Es raro oír esto hoy día en boca de un obispo europeo. Pero si se trata de Mons. Philippe Jourdan, el único obispo católico de Estonia, hay que tener en cuenta el punto de partida.

Mons. Philippe Jourdan.

"Nunca estuvimos mejor en los últimos cinco siglos". Es raro oír esto hoy día en boca de un obispo europeo. Pero si se trata de Mons. Philippe Jourdan, el único obispo católico de Estonia, hay que tener en cuenta el punto de partida. En un país de tradición luterana desde la reforma protestante, que sufrió la ocupación estalinista y luego la de los nazis, que pasó cincuenta años bajo la dominación soviética hasta la independencia en 1991, la Iglesia católica apenas existía allí.

Así que todo cambio es un avance. En los años setenta no había más de 6 católicos; hoy son ya 6.000, todavía una pequeña minoría dentro de una población de 1,3 millones de habitantes. Estonia, un territorio de poco más de 45.000 kilómetros cuadrados, es miembro de la Unión Europea desde 2004.

Mons. Philippe Jourdan es el segundo obispo católico de Estonia en los últimos 500 años y el único en este momento

Philippe Jourdan es el segundo obispo católico de Estonia en los últimos 500 años y el único en este momento. Su predecesor, Eduard Profittlich, jesuita, murió por la fe en una cárcel soviética en 1942, como tantos otros estonios que fueron deportados o encarcelados en las purgas estalinistas.

Algunos de estos relatan su experiencia y su descubrimiento de la fe en el libro de José Miguel Cejas El baile tras la tormenta, que Mons. Jourdan ha presentado en Madrid, al tiempo que aprovechaba la ocasión para hablar de la desconocida Iglesia de su país. El libro recoge los testimonios de personajes estonios, lituanos o letones, que durante la época soviética mantuvieron su fe a pesar de la persecución o la encontraron defendiendo la libertad. Entre ellos hay católicos, protestantes y ortodoxos.

Al frente de una minoría

Los católicos siguen siendo una pequeña minoría en un país donde el 11% son luteranos, el 14% ortodoxos y la gran mayoría sin religión. Esto ha dado pie a hablar de Estonia como "el país menos religioso del mundo", pero la visión esperanzada de Jourdan ve ahí un campo lleno de oportunidades para una evangelización sin rutinas, abierta a nuevas experiencias.

Por el momento, Jourdan va tendiendo puentes con la sociedad estonia. No es extraño tratándose de un ingeniero formado en la parisina École nationale des Ponts et Chaussées, que se hizo del Opus Dei mientras cursaba sus estudios universitarios y estudiaba ruso pensando en los contratos que empresas francesas de obras públicas podrían conseguir en Rusia. Pero hubo cambio de rumbo. En 1988 decide ordenarse sacerdote y empieza su ministerio pastoral en París.

Las conversiones al catolicismo se dan más en los medios intelectuales

Nuevo giro en 1996. El nuncio apostólico para los Países Bálticos está buscando a un sacerdote joven para que sea su brazo derecho en Estonia, y algún cazatalentos de eclesiásticos descubre a Jourdan, que domina el ruso. En Estonia, el 69% es de origen estonio y el 25% de procedencia rusa.

El prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, accede a que Jourdan se vaya a Estonia, aunque le cueste prescindir de él para la labor del Opus Dei en Francia. Tampoco es fácil encontrar instituciones católicas dispuestas a ir a trabajar a un país donde toda la labor de la Iglesia está por hacer y no cabe esperar la contrapartida de un semillero abundante de vocaciones.

Una vez en Tallin, Jourdan actúa como Vicario Apostólico desde 1996, y es nombrado Obispo Administrador Apostólico en 2005. Está dispuesto a echar raíces. Así lo demuestra su decisión de adoptar la nacionalidad estonia, dejando la francesa (no era posible la doble nacionalidad). También aprende la lengua estonia, lo cual tiene su dificultad, pero quizá menos para alguien que, además del francés natal, habla español, ruso, inglés, italiano y alemán.

Para su tarea evangelizadora cuenta con 15 sacerdotes (4 del país), 20 religiosas y el ejemplo y la acción de las familias católicas. Por el momento hay dos escuelas promovidas por católicos en Tallin y en Tartu.

Conversos de medios intelectuales

De los 6.000 fieles, la mitad son estonios, conversos a partir del final de los años soviéticos. Los demás proceden de zonas de la antigua URSS, como Bielorrusia, Ucrania y Lituania (incluidos fieles de rito greco-católico, que en este país dependen también de Mons. Jourdan).

Las conversiones al catolicismo se producen sobre todo en los medios intelectuales y urbanos, un rasgo común en otros países nórdicos europeos. Mons. Jourdan lo atribuye a que "hace falta una inquietud intelectual e independencia de espíritu para interesarse por la fe en un ambiente indiferente". No es que los estonios sean alérgicos a la espiritualidad, pero les cuesta considerarse miembros de una iglesia. También destaca que está más abierta a la fe la generación nacida al final del periodo soviético, libre ya de influencias educativas marxistas.

El prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, accede a que Jourdan se vaya a Estonia, aunque le cueste prescindir de él para la labor del Opus Dei en Francia. Tampoco es fácil encontrar instituciones católicas dispuestas a ir a trabajar a un país donde toda la labor de la Iglesia está por hacer

Aunque la Iglesia sea pequeña, tiene una influencia superior a lo que cabría esperar por su importancia numérica. La visita de Juan Pablo II en 1993 fue todo un acontecimiento en un país que acababa de lograr la independencia. La propia ordenación de Mons. Jourdan como obispo fue vivida como un evento nacional. El prestigio de la Iglesia católica universal y del Papa lleva a que, cuando hay alguna controversia en temas éticos, otras confesiones miren en primer lugar qué dice la Iglesia católica al respecto. El hecho de haber sufrido juntos la persecución en la época comunista ha favorecido que ahora haya una buena relación entre las iglesias.

Por parte del gobierno, se reconoce la libre actuación de la Iglesia católica en el país, mediante un acuerdo firmado con la Santa Sede en 1998.

La Iglesia hace también lo que está de su parte para favorecer una buena relación entre la población de origen estonio y la de procedencia rusa, un asunto que ha dado origen a tensiones desde que Estonia se independizó de la URSS. Del 30% de población rusófona, un tercio tiene ahora nacionalidad estonia, otro tercio mantiene la rusa y el tercio restante aún está por definir. El problema para la integración no es solo la lengua, sino también el modo de entender el pasado reciente bajo el dominio soviético.

En definitiva, una Iglesia que está empeñada en una "nueva evangelización", con esperanza y con las luces largas.

Enlace al artículo en Aceprensa.

Ignacio Aréchaga

Aceprensa