EL TRABAJO ORDINARIO PUEDE SER LLEVADO AL ALTAR

Artículo de Mons. Javier Echevarría, Prelado del Opus Dei, publicado en el diario Clarín el martes 8 de Noviembre.

De Argentina

La Asamblea del Sínodo de Obispos fue convocada por Juan Pablo II, pero ha sido presidida por su sucesor, Benedicto XVI. El Papa pidió a los participantes que estudiáramos el modo de intensificar la conexión entre la Santa Misa y el quehacer cotidiano de los cristianos, de forma que no se desarrollen como dos ámbitos incomunicados. Como consecuencia, parte del trabajo de estos días ha consistido en la búsqueda de propuestas concretas para ayudar a los cristianos a comprender cada vez mejor que la Eucaristía debe informar su vida ordinaria.

En cuanto acción de culto, el Sacrificio eucarístico requiere un desarrollo lo más perfecto posible, pues su destinatario es Dios mismo. Cualquier acción humana bien realizada, con amor, con detalle y con delicadeza, se constituye como algo agradable a los demás y como muestra de interés y de respeto.

Al celebrar o al participar en la Santa Misa, sacerdotes y laicos han de actuar con piedad recia, doctrinal, y de forma amorosa, atenta, santamente apasionada. En la Eucaristía, donde tiempo y eternidad se encuentran, Cristo se ofrece al Padre y se nos entrega de nuevo a nosotros los hombres: merece evidentemente que correspondamos con todo el amor de que seamos capaces. Dios no nos pide solamente la entrega de un acto externo, sino que ante todo espera nuestro amor: sólo así la ofrenda puede ser perfecta, agradable a Dios.

Pero la presencia de la Eucaristía en la vida del cristiano no se limita al momento sublime de la Misa. Podemos presentar ante el altar también nuestras acciones corrientes; y buscar durante toda la jornada, en nuestros normales quehaceres, una continua referencia a Dios Eucaristía.

Cualquier trabajo honrado puede ser un medio para unirnos espiritualmente al sacrificio de Cristo en la Santa Misa, si ofrecemos a Dios nuestras acciones ordinarias: la Eucaristía se convierte entonces en cumbre y fuente de toda nuestra existencia. De muchas formas se ha repetido esta idea en las sesiones del Sínodo, con la certeza compartida de que Cristo ha querido unir la Santa Misa a la salvación de sus hermanos los hombres.

El Santo Padre valorará las propuestas presentadas por los padres sinodales y tomará las decisiones que estime oportunas. Pero ya ahora experimentamos los efectos positivos del Sínodo: los obispos que hemos participado en él hemos profundizado en el infinito tesoro de la Eucaristía, en la que "se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo en persona, nuestra Pascua y pan vivo" (Presbyterorum Ordinis, n. 5). Espero vivamente que esta toma de conciencia se difunda en círculos concéntricos, y que sus frutos se noten en la práctica cristiana de muchos católicos, especialmente en la participación en la Santa Misa. Después del trabajo y de la oración de estos días, deseo que asistamos a un nuevo momento de gracia para toda la Iglesia.

http://www.clarin.com/diario/2005/11/08/elpais/p-01203.htm