Desde hace 80 años

Palabras del Card. Estanislao Karlic, Arzobispo emérito de Paraná, publicadas en el Semanario Cristo Hoy con ocasión del aniversario de la fundación del Opus Dei.

De Argentina

Dios responde a las preguntas de los hombres con personas y no sólo con ideas. A la gran cuestión global del misterio del hombre y su salvación respondió con la persona de su Hijo hecho hombre. A lo largo de la historia sigue respondiendo por sus escogidos, que nos ayudan a apasionarnos por la verdad y a rechazar la mentira, a amar el bien y aborrecer el mal, y así a caminar hacia Él, que es nuestro destino.

El 2 de octubre de 1928 se fundó, en Madrid, el Opus Dei. En estos días celebramos agradecidos a Dios Padre esta santa audacia. El Opus Dei que sigue siendo “Obra de Dios”, de su sabiduría y amor, se difunde y se brinda desde la Iglesia al servicio del mundo, de su salvación y su paz.

Josemaría Escrivá amaba entrañablemente al mundo, esta humanidad que camina en el tiempo gestionando con sus ideas y sus opciones la marcha de la historia. Este amor del Santo ha seguido vigente en él y en muchos hombres y mujeres que se unieron a él. Como señaló en una homilía emblemática: “Debéis comprender ahora —con una nueva claridad— que Dios os llama a servirle en y desde las tareas civiles, materiales, seculares de la vida humana: en un laboratorio, en el quirófano de un hospital, en el cuartel, en la cátedra universitaria, en la fabrica, en el taller, en el campo, en el hogar de familia y en todo el inmenso panorama del trabajo, Dios nos espera cada día. Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir” (Conversaciones con Josemaría Escrivá, “Amar al mundo apasionadamente”, n. 114).

Si podemos celebrar esta historia de casi un siglo, es porque el amor inicial de la fundación se mantuvo en su verdad, e hizo que los fieles de la Prelatura se diesen a sí mismos y más aún, diesen a Dios, sí, a Dios, porque el que no da a Dios da poco, muy poco, según  nos enseña el  Papa Benedicto XVI. Es que el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Señor (Cfr. Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, n. 22). Sólo cuando Jesucristo entra a nuestro interior, somos en plenitud lo que Dios ha pensado de nosotros.

San Josemaría pensó que la santidad en el mundo se realiza en la santificación de la cotidianidad. El hombre debe saber que, si se deja enseñar por Dios y acoge el auxilio de su gracia, puede y debe producir un cambio en su vida y en la historia.  

En su opción libre debe hacerse padre de sí mismo, generando su  identidad espiritual en la configuración con Jesucristo. Los pueblos, los grandes pueblos, a lo largo de generaciones, han elaborado su cultura y su identidad, según los valores que han elegido. San Josemaría ha invitado a los fieles del Opus Dei a elegir a Dios y a la humanidad entera como destinatarios de su amor, para así contribuir a la nobleza de la cultura con los valores de su fe.

La Iglesia, por la diaconía de la verdad del Evangelio, por el ministerio de su oración y su liturgia, y por el servicio de su caridad fraterna, debe ser signo e instrumento de la unión del hombre con Dios y de los hombres entre sí. De esta Iglesia quiso ser y quiere seguir siendo expresión el Opus Dei, para acompañar al mundo en los desafíos cotidianos.

El Santo Fundador, que visitó Argentina y rezó a los pies de la Virgen de Luján, nos deja en sus hijos, que recibieron de él el Evangelio, una carta que Cristo escribió por medio de él, una carta escrita “no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra sino de carne, es decir en sus corazones” (II Cor 3,3). Es la carta que nosotros esperamos seguir leyendo en la vida de los miembros de la Obra.

Es justo y necesario celebrar 80 años de gracia de Dios y de respuesta fiel de los hombres. Los dones de Dios y la fidelidad de los hombres son también historia de nuestro tiempo.

Card. Estanislao Karlic Arzobispo Emérito de Paraná

  • Semanario Cristo Hoy