¿Cómo conociste el Opus Dei?

Tres historias distintas: experiencias de quienes hoy son cooperadores de la Obra.

De Argentina

¿Cómo conocieron el Opus Dei tres personas que hoy son cooperadores de la Obra? En un partido de fútbol, por un amigo (años después de haber leído “Camino”), a través de los padres. Cada historia es diferente, personal, irrepetible. Dejamos hablar a los protagonistas.

Agustín Vasallo tiene 26 años es estudiante de ingeniería industrial y asistente en una consultora de ingeniería. Vive en el barrio de Palermo, en Buenos Aires. Ha participado en cinco viajes solidarios a El Bolsón, ocupando 15 días durante los veranos en construcción de escuelas y capillas con la ONG Universitarios para el Desarrollo.

¿Cómo conociste el Opus Dei?

Por medio de mis padres, ambos supernumerarios. De chiquito fui a un club de la Obra, Las Barrancas, con algunos de mis hermanos, y de estudiante universitario participé en un curso de retiro y luego en el Club de Ingeniería del CEC (Centro de Extensión Cultural).

¿Qué te movió a ser cooperador?

“El cristiano es un tipo alegre, que no es no tomarse las cosas en serio. Es lo que más me atrae”

Simplemente el cariño que uno le va teniendo a la Obra, al centro al que voy, el CEC, el ver todo lo que Dios me dio a través de la Obra y de la gente que participó de las distintas actividades que se organizan. Incluso gente que quizá uno no ve más, pero que se nota el bien que te dejaron. Después de todo esto, me propusieron ser cooperador y no vi ninguna razón para no aceptarlo. Y sí muchas para aceptar.

¿Cómo colaborás?

Sobre todo rezando, y ofreciendo mi estudio y trabajo, la Misa, por las iniciativas apostólicas de la Obra y por la gente que participa de ellas; y siempre que puedo en cosas simples para el mantenimiento del centro y la organización de las actividades, como el Club de Ingeniería, encuentros de jóvenes en el Cudes, como Pasión por lo bueno, jornadas de Ongs. También, estoy comprometido con las convivencias de promoción social que se organizan todos los años, colaborando con la experiencia, con conocimientos técnicos y, supongo que más que nada, dando testimonio de cómo siempre uno da un poquito y termina recibiendo un montón.

¿Qué rasgo del espíritu de la Obra te atrae más?

La alegría. Se insiste mucho en eso, en que el cristiano es un tipo alegre, que no es no tomarse las cosas en serio. Es lo que más me atrae.

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Ricardo Micó es licenciado en Publicidad por la Universidad del Salvador. Fundó y dirige una agencia de publicidad en Buenos Aires. Tiene 48 años, está casado con María Agote y tiene tres hijos: Paz, de 10 años; José, de 8, y Rosario, de 5. Desde 1995 participó en la campaña de la peregrinación juvenil a Luján. Y aclara: “Entre 1993 y 1999 trabajé con mi mujer en el grupo universitario de la parroquia San Martín de Tours”.

¿Cómo conociste el Opus Dei?

Por un amigo que me invitó a participar de un partido de fútbol: descubrí un grupo excelente de personas que me llevó a sentirme identificado.

¿Cómo colaborás?

“Trato de transmitir el mensaje de San Josemaría: tratar de hacer las cosas bien, de corazón”

Con oración, con algún trabajo (en el poco tiempo que me queda del día) y, económicamente, he ayudado con una beca mensual para estudiantes con dificultades económicas. En este último tiempo he colaborado con el Cudes, un centro de universitarios en Buenos Aires: participé de una tertulia contando experiencias profesionales y colaboré en la organización de un curso para introducción a la universidad llamado Big Picture. Hicimos el folleto, un logo y una estrategia de promoción. Por otro lado, cuando doy clases trato de transmitir el mensaje de San Josemaría: tratar de hacer las cosas bien, de corazón… santificando cada momento del día. Este concepto se lo transmito a mis hijos en cada acción y cada día: lo importante es hacer las cosas bien. Si no salen, ya saldrán; pero trabajemos para realizarlas bien.

¿Qué significa para vos ser cooperador?

Mejorar mi vida y sentir alegría al poder ayudar a quien se me cruce.

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Alejandro Canale

es abogado, gerente legal de una empresa de reaseguros. Cuenta 44 años, está casado y tiene tres hijos varones; dos de seis años (mellizos) y uno de un año. Cinéfilo, futbolista (“no profesional”, aclara), lector ávido de historia y sociología. Es voluntario del hogar comunitario “El Encuentro” (Moreno, Pcia. de Buenos Aires, Argentina), y representante y voluntario de la Fundación Mapfre.

¿Cómo conociste el Opus Dei?

Conocí el Opus Dei por un amigo, a los 20 años; antes (a los 15 años) ya había leído “Camino”, de san Josemaría. En esa época yo estaba en el grupo parroquial de mi barrio y había participado de encuentros carismáticos. También formaba parte de un grupo de oración en la parroquia.

¿Qué te movió a ser cooperador?

“Muchas veces me descubro repitiendo frases y anécdotas de San Josemaría”

Desde que conocí la Obra empecé a colaborar en distintas acciones, a la vez que me formaba, en los círculos, retiros; comencé a conocer gente de diversas formas de pensar, pero con objetivos comunes… A medida que pasaba el tiempo me resultó natural ser cooperador; es más, ni siquiera sentí un cambio en mi forma de colaborar; sí un compromiso mayor.

¿Colaborás con alguna iniciativa de apostolado?

Doy charlas en el CUDES cada vez que me invitan. Participo en un ciclo de cine debate sobre el Bicentenario del País. Colaboro también económicamente con alguna iniciativa puntual. He regalado muchas pelotas de fútbol al Cudes. A veces he ayudado con becas para residentes de un centro de la Obra. Todos los días incluyo en mis oraciones las intenciones del Padre. Entiendo que ser cooperador al primero que le hace bien es a mí. Ser cooperador del Opus Dei significa un antes y un después, y todo tamizado con el espíritu de la Obra. Es decir, casi no entiendo mi vida sin amar al fundador, sin hacer apostolado, sin sentirme parte de la Obra. Muchas veces me descubro repitiendo frases y anécdotas de San Josemaría.

¿Qué rasgo del espíritu de la Obra te atrae más?

Hay dos rasgos fundamentales que me atraen profundamente. Uno es el coraje, el valor bien entendido. Ese valor que lleva a uno a enfrentarse, con la ayuda de Dios, con cosas que están absolutamente fuera de nuestro alcance. Coraje que es también templanza para aceptar cosas que no nos gustan y que, sin embargo, soportamos. El segundo rasgo va de la mano del anterior: es saber que estamos en manos de Dios. Es decir, que no somos nada sin Él, pero que con su ayuda podemos incluso con las empresas más complicadas. Empresas que muchas veces ni siquiera las habíamos pensado como posibles en nuestra vida. Sin embargo, con Dios todo lo podemos.

Contanos cómo conociste el Opus Dei: info@opusdei.org.ar